“Dejad que los niños se acerquen a mi”

Después del parto, al llegar a la habitación del hospital donde toda la familia se ha reunido, empieza la primera sesión de fotos del bebé: en un par de horas, como las top models, cientos de disparos con mamá, papá, los abuelos, los tíos, primos, amigos, vecinos..

Desde su invención y a partir de 1830, hemos utilizado la fotografía para “inmortalizar” a nuestros pequeños. Precisamente en aquellos días, por la alta tasa de mortalidad infantil, se puso de manifiesto una moda fotográfica “post mortem” en la cual los familiares realizaban una imagen que se convertiría en el recuerdo de la pérdida del ser querido. Vestido para la ocasión, la imagen quedaría ahí para la posteridad.

 

Daguerrotipo, a partir de 1839.

En la siguiente fotografía, si observamos atentamente, podemos darnos cuenta que la niña de la derecha es la que centra toda nuestra atención: la manera en que sostiene la sombrilla -fuertemente y con las dos manos-, su mirada directa a la cámara y el peso del cuerpo bien asentado en sus pies. En el otro lado, vemos un niño con ojos entre abiertos, la cabeza caída hacia atrás y unos pies y manos que no se sostienen. Y es que, en esta moda, era muy común hacer que sus familiares, padres o hermanos, interactuasen con el pequeño difunto.

 

Julia Margaret Cameron “Paul and Virginia” (1864)

 

En cuanto los medios técnicos fueron evolucionando, la fotografía dejaría el ámbito privado o la estaticidad del paisaje y el bodegón para adentrarse en el documentalismo: entender la imagen como un medio para acercarnos a las vidas de los demás. Así, me gustaría destacar el trabajo de Lewis Hine, “Let the children be children”, centrado en las condiciones laborales de los niños que trabajaban en fábricas, a principios del siglo XX en plena Revolución Industrial.

 

Lewis Hine. “Child working in cotton mill” (1908)

 

Y autor, a mi parecer, de una de las fotografías de niños más hermosas de la Historia.

 

Lewis Hine, “Rascal from Paris” (1918)

 

Pero es precisamente en la calle donde los niños brillan con luz propia.

En el período de entre guerras o justo acabada la II Guerra Mundial, en condiciones de vida todavía difíciles o en un entorno de casas derruidas, los niños toman el espacio público. El fotógrafo Robert Doisneau (1912-1994) hizo de este uno de sus temas.

 

© Atelier Robert Doisneau, “Les frères”, 1934.

 

© Atelier Robert Doisneau

 

Una de mis fotos favoritas de niños es también la siguiente.

Tan importante como para que un desconocido le haga una fotografía. Hay que estar a la altura: a pesar de lo grandes que le vienen los pantalones… orgullo, la mejor sonrisa posible, mirada altiva y pecho fuera. Es el protagonista de un gran acontecimiento, el acto fotográfico.

 

Henri Cartier-Bresson “Boy smilling with wine bottles”, 1954.

 

Pero en el caso de la fotografía de niños, la calle no es simplemente un espacio para jugar, sino que puede convertirse en un medio hostil en el cual hay que sobrevivir. Y podemos observar esto en el fantástico trabajo “Children of Bombay” del autor Dario Mitidieri.

Creo que la siguiente fotografía muestra claramente como el mismo espacio público genera dos realidades antagónicas: un niño sonriente, bañado en luz, que sale del colegio vestido con su uniforme y su mochila a la espalda; frente al otro que yace  dormido y exhausto, la dejadez y el abandono.

 

©Dario Mitidieri

 

Y aunque su día a día sea difícil, obligados a la fuerza a crecer y hacerse fuertes para sobrevivir, los niños siguen siendo niños… pueden olvidarse por un momento de todo, sonreír y ponerse a jugar con unas pompas de jabón.

 

©Dario Mitidieri

 

Aunque no me lo he encontrado tanto en el resto de Europa, en España hay un especial celo a la hora de que una familia o unos padres dejen que sus hijos sean fotografiados en la calle. ¿Hay algo malo en tomar una fotografía de un niño mientras se columpia en un jardín? Es verdad que las imágenes pueden tener una carga importante, pero está en las manos del fotógrafo el decidir qué quiere transmitir con su trabajo.

 

©Carlos Prieto

 

©Rafa Badía

 

Lo contrario sucede cuando estás disparando en una fiesta o especialmente en carnaval. No sé si os ha pasado, pero los padres se deshacen literalmente para que hagas una fotos a sus niños. Carta blanca. Los exhiben como un trofeo en una suerte de competición: ¿cuál es el más guapo? ¿cuál va mejor disfrazado? Carnaval es el paraíso de la fotografía de calle infantil. ¿Quizás por el hecho de llevar a su hijo disfrazado, piensan que el pequeño está protegido de los malvados? o porque disfrazado, ¿esa imagen no tiene nada que ver con la imagen “real” de su hijo?…

 

©Marcelo Caballero

 

Carnaval de Rotterdam, 2005. ©José Manuel Alorda

 

La siguiente fotografía la tomé en 2003, así que la pequeña tiene ahora unos 13 o 14 años. ¿Es esta su imagen?

 

Carnaval de Palma de Mallorca, 2003. ©José Manuel Alorda

 

Quizás porque no soy padre y sí he sido profesor durante 15 años, los niños  o los adolescentes forman parte de mi felicidad personal y fotográfica. Hace tiempo, revisando mi trabajo, fue una amiga la que apuntó, ¿te has dado cuenta de la cantidad de fotos que tienes sobre niños? En ese momento fui consciente, y hasta ahora no he dejado de tomar imágenes de ellos. Para mi es un acto de cariño que voy a continuar haciendo.

 

Os dejo algunas más.. espero que os gusten.

 

Londres 2004. ©José Manuel Alorda

 

Barcelona 2004. ©José Manuel Alorda

 

Barcelona 2001. ©José Manuel Alorda

 

Barcelona 2006. ©José Manuel Alorda

 

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