El cine y la street photography (2 de 2)

Un paso adelante en la interacción de la que hablábamos en la anterior entrada fue la nouvelle vague francesa, movimiento en el que tuvo mucho que ver el director de fotografía español Néstor Almendros que trabajó en muchos films de François Truffaut y, más tarde, con Eric Rohmer. Con ellos hizo escuela en el uso exclusivo de luz natural en la cinematografía: elemento fundamental en la composición de un fotógrafo de calle.
Carlos Di Palma en Blow Up (1966) de Michelángelo Antonioni y László Kovács en Easy Rider (1969) de Dennis Hopper también aportaron lo suyo. A través de estos emblemáticos films mostraron una nueva manera de hacer imágenes a través del cine.

Nacido en tiempos de la descolonización africana, hippies, ácidos, guerra de Vietnam, pacifismo y mayo francés, estos films están a tono con las propuestas de varios fotógrafos de esta generación que abordaron, a su manera, la agitación de estos cambios sociales. Algunos ejemplos son Gary Winogrand, Guy Le Querrec, Lee Friedlander, Josef Koudelka o Bruno Barbey.

Algunos incluso se atrevieron a experimentar con el cine de realidad (cinéma vérité), como es el caso del gran fotógrafo suizo Robert Frank en los años setenta. A través de un documental sobre los Rolling Stones, puso en juego este sistema que consistía en utilizar varias cámaras que cualquiera de las personas del grupo podía utilizar cuando quisiera. De esa manera, Frank creía que el cine documental podía ser menos subjetivo, más verosímil, heterogéneo.

La mutua admiración entre ambos géneros visuales, fotografía y cine, continuó en los años ochenta. En esta década, hay que destacar el aporte del director Jim Jarmusch que a partir del film Down by Law (1984) se convirtió en un influyente repesentante de la tendencia de las road movies norteamericanas. También Paris Texas, dirigida por Wim Wenders (1984), está en esta línea. También podemos destacar un film que se nutrió de la literatura de los beatniks y del estilo de fotógrafos como los nombrados Frank y Winogrand para realizar la excelente Bagdad Café (1989), un claro ejemplo del expresionismo alemán.

Bernd Heinl fue el director de fotografía de esta extraña película. Heinl propone choques violentos de luces y sombras, cascadas luminosas que invaden la pantalla y bruscas caídas de líneas que provocan una tensión visual in crescendo, características visuales expresionistas que atrapan al espectador de esta película dirigida por Percy Adlon. También es sobresaliente el uso de la iluminación y el color que tiene un valor semántico importante. A medio camino del sepia y los saturados, las imágenes dan la sensación, como espectador, de estar imbuido profundamente en un polvoriento desierto de soledad, viento y gasolineras en la Ruta 66. Ya en los noventa, aparece otro director de fotografía que también hizo escuela. Hablamos de Christopher Doyle, que trabajó en varias peliculas del director chino Wong Kar-Wai. En sus filmes, Doyle explora el mundo caótico e impredecible del cineasta como si fuera un solista de free jazz en un contrapunto muy intimista y peculiar. Gracias a su aporte, los filmes de Kar-Wai sobresalen en su montaje con puestas en escena con un interesante uso de colores saturados, contrastes cromáticos y juegos artísticos de luces y sombras.

Etiquetas:

"Trackback" Enlace desde tu web.

Calle 35

Colectivo de fotógrafos dedicados a la "street photography", la fotografía urbana contemporánea.

Comentarios (2)

  • Avatar

    bruno

    |

    Muy bueno, no sabía lo de Frank y los Rolling! gracias!

    Reply

    • Avatar

      Calle 35

      |

      Gracias Bruno y celebramos que lo hayas descubierto!!

      Reply

Deja un comentario