FOTOGRAFIA DE CALLE Y CULTURA AMERICANA

La fotografía urbana o “street” no es un ejercicio documental y estético desgajado de la cultura contemporánea. Sobre todo las imágenes generadas por los fotógrafos “callejeros” norteamericanos, referentes ineludibles de este subgénero del  reportaje. En los artículos y ensayos referidos a la fotografía de calle es frecuente que se señalen paralelismos, similitudes de forma y fondo entre las imágenes de los fotógrafos urbanos y la pintura contemporánea, especialmente la corriente “Pop”. Los textos dedicados a fotógrafos de los años 60’ y 70’ como Lee Friedlander, Stephen Shore, Garry Winogrand o Joel Meyerovitz, suelen remarcar la mutua influencia entre éstos y los lienzos de Andy Warhol, Roy Liechenstein o Robert Rauschenberg.

© William Eggleston

© Robert Rauschenberg

 

© Joel Meyerovitz

Se da por hecho que esos artistas de la cámara y los de los pinceles coinciden en su interés por los elementos omnipresentes en el ámbito urbano como viandantes, automóviles, neones, señales de tráfico, o carteles publicitarios. También es común hermanar la temática y el uso de la luz de los fotógrafos antes citados con los lienzos de Edward Hopper,  pintor figurativista de los años 30’ y 40’, verdadero coloso de la cultura visual americana del siglo XX.

“Nighthawks” © Edward Hopper

Este punto de encuentro entre foto de calle y otras disciplinas creativas se extiende, por razones obvias, hasta el mundo del cine, de forma que no es extraño que las fotos callejeras neoyorquinas aparezcan asociadas a filmes de los años 60’ y 70’ como “Midnight Cowboy” de John Schlesinger, o las rudas “Taxi Driver” o las “Malas Calles” de Martin Scorcese.

© Wim Wenders

Cartel de “Taxi Driver”

Esta vecindad entre “streteers” y cineastas se hace mas evidente al constatarse que directores de Wim Wenders o Dennis Hopper han aprovechado sus conocimientos a la hora de construir imágenes para realizar estupendos trabajos de fotografía urbana y de carretera en América, caso del “Written in the West” del autor de “Paris, Texas”.

De igual manera que con la pintura, en los trabajos de tesis sobre la foto de calle, suele tirarse del hilo de la conexión entre la imagen urbana y la música popular, sobre todo el jazz. Es ya casi un tópico, en las proyecciones de “street”,  el añadir algún algún pasaje o fragmento de “be-bop” o “free”. El jazz contiene el sonido de la ciudad en sus ritmos, armonías y melodías; de la misma manera que en las fotos “street” se plasman las sombras y luces, los colores de las calles y plazas. Casi es un lugar común afirmar que los sonidos cálidos de John Coltrane, Miles Davies u Ornette Coleman se ajustan a la perfección con las fotos callejeras americanas de la segunda mitad del siglo XX.

John Coltrane

Jack Kerouac

Una relación menos frecuente es la que vincula la “street photo” con la literatura, o más en concreto con la poesía. Lo habitual es limitarse al enlace entre la foto de calle y la poesía “beat”, quizás porque el prólogo de “The Americans” de Robert Frank, un libro de referencia básica entre los fotógrafos de calle, está redactado Jack Kerouac, el poeta y novelista autor de “En el Camino”. Pero el vínculo entre foto de calle y la poesía van mucho más allá de las descripciones de calles en los poemas de Kerouac, o en el enfebrecido “Aullido” de su compañero Allen Ginsberg. De hecho, la tradición de la poesía americana, ésa que parte desde finales del siglo XIX con “Las Hojas de Hierba” de Walt Withman, conecta con el alma y estilo de foto callejera: en la poesía de Estados Unidos prima la imagen sobre la idea, la forma libre sobre el verso tradicional, el lenguaje llano al cultismo, el espacio urbano al territorio abstracto o mitológico, al que son mas proclives los poetas europeos.

© Helen Levitt

©Walker Evans

Ése poder de la imagen precisa, es la base del “Imagismo”, corriente de principios del siglo XX (justo cuando Alfred Stieglitz o Edward Weston sacaban sus cámaras a las calle), que se opone al romanticismo literario. Entre ellos destaca William Carlos Williams, poeta que, en sus versos, suele describir escenas como si fueran fotografías. La anécdota trasciende en sus estrofas, de forma que el lector es capaz de intuir algo superior o más importante, pasar de lo particular a lo general, mediante de una instantánea cotidiana contenida en las palabras. Así, en “Retrato Proletario”, William Carlos Williams borda una imagen que bien podría haber sido realizada por alguno de los fotógrafos urbanos de su época, los años 30’, como los neoyorquinos de los Walker Evans o Helen Levitt: “La joven alta sin sombrero con delantal Su pelo cogido atrás parada en la calle Un pie en calcetín la punta en la acera Su zapato en la mano. Mirando atentamente dentro Le saca la plantilla de papel para dar con el clavo Que la ha estado lastimando”

© Stephen Shore

El gusto por la descripción de pequeñas acciones o entornos de pequeñas y grandes ciudades es una constante en Estados Unidos a lo largo de todo el siglo XX. Poetas-cuentistas como Raymond Carver o el furibundo Charles Bukowski describieron con palabras tan llanas como efectivas muchas escenas y situaciones callejeras, generalmente relatadas en primera persona. Así, por ejemplo, el angeleno Bukowski, en “Robado”  habla de su Volkswagen que le acaban de birlar y le dedica los siguientes versos:

“..cómo lo ponía en segunda

al doblar una esquina,

cómo arrancaba en verde

antes que cualquiera.

cómo conquistamos grandes y

pequeños espacios

lluvia

sol

smog

hostilidad

el peso del mundo..”

Charles Bukowski y su volkswagen

© Ernst Haas

De todos los poetas americanos, quizás el más “street” sea Charles Reznikoff. Este judío nacido en Brooklyn, que vivió entre 1894 y 1976, es el autor de “By the waters of Manhattan”, poemario donde la descripción de escenas urbanas es el tema por excelencia. En el trabajo de Reznikoff destaca no sólo la temática ni la forma poética, sino el método de inspiración:  como cualquier fotógrafo callejero, caminaba diariamente muchas millas, durante horas, fijándose y tomando notas escritas de aspectos que le llamaban la atención. Sus paseos o trayectos de ida y vuelta a un empleo rutinario eran el germen de sus poemarios, libritos de tiradas muy cortas, (en ocasiones fueron impresos por él mismo), ya que, hasta el final de su vida, no consiguió el reconocimiento de la crítica y el público lector de poesía. Los versos de Reznikoff expresan , desde el punto de vista del observador solitario, un escenario urbano en el que aparecen sujetos que se podrían trasponer a la perfección en las imágenes de los fotógrafos urbanos. Un ejemplo: “El vagabundo de zapatos rotos y ropas sucias y arrugadas -con las manos y la cara sucias- saca un peine del bolsillo y peina cuidadosamente sus cabellos”

© Saul Leiter

© Saul Leiter

O le presta atención a elementos del escenario callejero, con una aproximación esencialmente gráfica. Podría suponerse que sus herramientas, en lugar de un lápiz y bloc de notas, fueran una Rolleiflex o una Leica: “En la brumosa mañana de invierno no desprecies la hoja verde entre las ramas sólo porque es la luz del semáforo”.

© Saul Leiter

Charles Reznikoff, en el centro, leyendo poesía en un bus

Al leer los versos Reznikoff, es casi inevitable que en la mente aparezcan imágenes de fotógrafos de los 50’que apostaron tempranamente por la foto urbana en color, como Ernst Hass, Inge Morath y, especialmente, el también neoyorquino y judío Saul Leiter. Los versos de Reznikoff y las fotos de Leiter conectan entre sí porque son trabajos que trascienden la apariencia: a partir de la descripción se llega a la esencia de la forma visual, al significado último de lo que se despliega ante nuestros ojos. Leiter y Reznikoff alcanzan, cada uno por su cuenta, lo universal mediante lo aparentemente anecdótico, esos trocitos de una Nueva York arquetipo de lo urbano. Una babel que, lo reconozcon o no, es el referente obligado de todos los “callejeros” del planeta.

                                                                                               Barcelona, noviembre 2011

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Comentarios (6)

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    daniel Belenguer

    |

    Muy buena entrada.
    El prologo de los Americanos es una lectura breve imprescindible.

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    rafa badia

    |

    Gracias, Daniel y Hugo.

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    FG

    |

    Muy buena entrada, este tipo de cultura norteamericana tiene un atractivo indiscutible.

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