Gran Vía

 

Quien retrata la calle, retrata el mundo. Y sin embargo no hay dos calles iguales, porque no existen dos instantes repetidos. No hay momentos paralelos. Cada instantánea es única, pero todas conforman una misma historia: el relato de la calle, de nuestro tiempo, de nosotros mismos.

Un micromundo como espacio de reflexión fotográfica y humana donde las imágenes tienen el ritmo visual propio de la calle retratada, ni más ni menos que la Gran Vía madrileña, una calle ruidosa, enérgica, llena de vida y agitación, a veces amable y a veces dura, lugar de encuentros y desencuentros, de colores saturados, de duras luces y sombras que es el punto de fuga de infinidad de historias simultáneas y paralelas, en definitiva retales de vida.