La voz de la calle

La calle es un espacio físico y social en el que interactúan los ciudadanos y los grupos de poder, tanto institucionales como privados. El espacio urbano se presenta como un enorme lienzo en tres dimensiones donde confluyen y se superponen los mensajes escritos y las imágenes.

Tradicionalmente son los grupos de poder (las autoridades y las grandes firmas comerciales) los que utilizan los espacios urbanos para hacer valer sus mensajes. Éstos suelen tener, en el caso de los institucionales, voluntad informativa y, frecuentemente, carácter coercitivo y sancionador. Estos mensajes se articulan mediante prohibiciones expresas o a través  de signos ideados para la regulación de actividades concretas, como las señales de tráfico.

 

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Más vistosos y casi omnipresentes presentes en la vía pública son los mensajes publicitarios de las empresas, que van desde la sencilla rotulación de los negocios hasta los anuncios publicitarios de grandes corporaciones, en ocasiones de dimensiones gigantescas. Estas imágenes comerciales, lejos de pretender amonestar a los ciudadanos, están concebidas para seducir con propuestas de producto, fomentando la pulsión consumista. Para ello se recurre a todo un imaginario en los que representaciones visuales de las nociones de belleza, riqueza, poder, así como la promesa de sexo, todos ellos recursos utilizados de manera intensiva, cuando no abrumadora.

La respuesta de a pié Desde hace unas décadas la calle se va poblando progresivamente de mensajes generados por la propia ciudadanía, como actividad espontánea y de oposición a la corriente de mensajes procedentes de los grupos de poder. Si antaño sólo los niños que jugaban en la calle dejaban sus mensajes escritos con tiza, hoy abundan las expresiones individuales o de pequeños colectivos de personas. Éstos, casi siempre desde clandestinidad y contraviniendo las normas, utilizan el espacio público para dejar sus mensajes, con carácter transitorio o permanente. . 02

 

Ejemplos de estas formas de expresión espontáneas son los mensajes escritos con rotuladores indelebles, botes de aerosol o pintura de bote. Van desde la sencilla “firma” o “tag”, hasta elaborados murales multicolores, tal vez la más compleja expresión de lo que hoy se entiende como “arte urbano”. Para los emisores de estos mensajes visuales, su propuesta espontánea es la verdadera “voz de la calle”, ya que expresa las preocupaciones, intereses y aspiraciones de la gente de a pie, no mediatizada por los discursos del poder político y/o económico.

Los mensajes alternativos que pueblan las ciudades pueden tener un carácter lúdico y de afirmación personal (en última instancia juegos de identidad y demarcación territorial), así como un carácter y fundamento político y social, generalmente de pequeños grupos al margen o declaradamente opuestos al orden establecido. Su actividad pretende reclamar la atención del resto de la ciudadaníahacia una causa o ideal. Una de las formas más radicales de expresar ése desacuerdo con el “establishment” son las acciones de transformación de los mensajes oficiales, anulando el significado original y convirtiéndolos en discursos a contracorriente.

 

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El proceso de la relajación de las costumbres relativas a la vestimenta y al aspecto de la ciudadanía, cuyo origen hay que buscar en la contracultura de la década de 1960, ha dado lugar a un fenómeno complementario a la aparición de discursos personales en la calle: la ropa, los complementos e, incluso las intervenciones sobre cuerpo humano, caso de los tatuajes, se han convertido en ricas fuentes de mensajes personales. Muchos viandantes, cuando muestran al resto de los conciudadanos sus camisetas y dibujos subcutáneos, están procediendo de manera deliberadaa hacer pública no sólo una opción estética sino, muy frecuentemente, una particular cosmogonía. Los mensajes pueden oscilar desde la pura voluntad lúdica hasta la proclama de idearios políticos, morales y estéticos.

El fotógrafo de calle, en tanto que documentalista, casi siempre hace suya la obligación moral de registrar con su cámara las diferentes y atractivas expresiones gráficas generadas por los viandantes. Con su cámara da eco al discurso alternativo para, implícitamente, tomar partido en esta una lucha desigual, la que confronta visualmente al poder con la ciudadanía.

 

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© Marcelo Caballero

 

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Comentarios (1)

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    moncat

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    Posiblemente, la fotografía callejera, es la fotografía documental por excelencia de nuestra sociedad. Me pregunto, ¿que visión, que conocimiento tendríamos de distintas sociedades, sin las miradas desde Cartier-Bresson, R. Frank, Friedlander, Maier, J. Colom, pasando Moriyama, Philip-Lorca, Winogrand y un larga lista de referentes?
    Me molestan quienes desean limitar la streetphoto, no vagabundos, no grafittis, no niños, etc, si así fuera dentro de 100 años, tendrían una visión de nuestra sociedad actual totalmente tergiversada. Por lo que mi absoluto acuerdo con vuestra entrada. No limits!

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