Palabras e imágenes

Robert Frank, hace ya más de medio siglo, comentaba que le gustaría que sus fotografías se parecieran a esos poemas que provocan el deseo de leerlos no una vez, sino dos veces seguidas, para captar su significado completo. Esta idea del autor de «The Americans» hace referencia al vínculo entre la literatura y la fotografía callejera, formas de expresión cuya combinatoria puede ser muy fructífera.

 El vínculo entre foto y pasaje escrito tiene gran tradición, sobre todo en Estados Unidos, país-continente donde, tal como indicaba en un post de este blog hace ya más de un año, una de las corrientes poéticas mas poderosas: la imaginista,  ofrecía versos que parecían transcripciones literales de fotografías. Algunos poemas de William Carlos Willliams, Mariane Moore o Charles Reznikoff son casi hermanos mellizos de fotos de Lisette Model, Ernst Haas o Saul Leiter. 

 

© Robert Frank

© Robert Frank

 

Cierto es, tal como comenta José Manuel Navia, que tradicionalmente se asocia la fotografía a la pintura y el cine, por ser los tres lenguajes icónicos. Todo y así, en opinión del fotógrafo madrileño, no menos interesante es la relación de la fotografía con la literatura, ya que ambas trabajan una idea principal, la del tiempo como concepto. No es extraño pues que en su reciente y espléndido libro Nóstos, Navia intercale citas de sus literatos favoritos entre fotografías que tratan, además del viaje y la noción del territorio, de la temporalidad y la memoria.

 

del libro Nostos. Madrid © José Manuel Navia

fotografía que aparece en el libro Nostos © José Manuel Navia

 

La aproximación a un espacio físico urbano desde una perspectiva poética, un punto surrealista, también es evidente en Nubes de un cielo que no cambia, trabajo a cuatro manos del fotógrafo bilbaíno Ricky Dávila y del poeta colombiano Dufay Bustamante. En «Nubes…», una aproximación casi onírica a la ciudad de Bogotá, los poemas y fotos se complementan de manera perfecta, sin que para ello sea necesario establecer una correlación directa entre los versos y las imágenes en blanco y negro: ni los poemas son pies de fotos versificados de las imágenes, ni las fotos meras iustraciones de los poemas.

 

© Ricky Dávila

© Ricky Dávila

 

La fusión entre foto y texto puede ser fruto de la misma persona. Un estimable ejemplo es Once de Wim Wenders.

En este libro, el director de cine alemán se sirve de sus fotos y narraciones de estructura y tono poético para recuperar pasajes de su vida, acontecidos durante décadas en todos los rincones del planeta. Las suyas son anécdotas muchas veces relacionadas con el mundo cinematográfico y la búsqueda de localizaciones de rodaje. Cada relato de Wenders comienza con Once , el equivalente en lengua inglesa del clásico castellano «Una vez..»,  que nos transporta, mediante palabras, y fotografías (paso universal en blanco y negro, color de medio formato, polaroids..) a un mundo tierno y melancólico, con chispas de humor y nostalgia.

 

© Wim Wenders

© Wim Wenders

 

Otro paso más adelante en la relación entre la imagen y el texto escrito son los trabajos de Duane Michals y los de Patti Smith. Ambos, además de complementar la foto y la palabra escrita, optan por incluir su caligrafía en los márgenes de sus imágenes. Tanto en el melancólico The house I once called home, un ensayo sobre la propia infancia de Michals, como en Land 250, compilación de polaroids y textos de la cantante norteamericana, la caligrafía en los laterales de las fotos de Michals y Smith se convierten en elementos gráficos, casi «voces visuales» de ambos creadores.
 
 
© Duane Michals

© Duane Michals

 
© Patti Smith

© Patti Smith

La confianza en un vínculo creativo entre foto y texto, mas allá del necesario y prosaico pie de foto o texto fotoperiodístico empuja a quien escribe estas líneas a intentar una fusión entre sus imágenes y sus poemas. Para mí, combinar ambos lenguajes me permite (al menos eso espero), poder expresar con fotos eso tan difícil de definir con palabras; también resolver con versos aquello que, por un motivo u otro, se me escurre cuando intento atraparlo con la cámara. Como mi ciudad, Barcelona, es mi particular tema de interés, en tanto que la ciudad es mi territorio emocional y geográfico, mi trabajo conjunto versa invariablemente sobre las calles y gentes de la capital catalana. No sé si consigo «cuajar» faena, pero puedo asegurar que el reto es un placer bien gratificante. Un botón como muestra de despedida: imágenes y un poema que tratan sobre el barrio de Sants, que me acoje de un par de años a esta parte.
 
 
 
 
© Rafa Badia

© Rafa Badia

 
 
© Rafa Badia

© Rafa Badia

© Rafa Badia

© Rafa Badia

 
 

CRUCE DE CALLES   Paso ligero, la chica avanza cuesta arriba hacia la boca del metro. Aislada por los auriculares

camina sin mirar, absorta

en su diminuta pantalla.

Paso rápido, febril,

mirada fija de adicto veterano.

Gafas de montura metálica,

ropa deportiva holgada.

Se aferra a un billete de 20

arrugado en su mano.

Paso lento, se demora

el albañil en su tránsito

por los vericuetos de la obra.

Cal y manchas de pintura, se detiene por un instante, maldice al sol del mediodía. Paso de tortuga, inestable, un carrito de la compra le sirve de apoyo, bastón y balaustrada. La anciana tantea cada cruce, duda, inspecciona el bordillo y se lanza a la cinta del asfalto. Pasos cortos, madre con dos niños, satélites

de órbita errática.

Breve riña en lengua foránea,

pañuelo de seda, faldón

que absorbe los kilos y los años.

Pasos distraídos, manos en bolsillos,

el hombre de mediana edad

pasea como turista por el barrio.

Mentalmente toma notas

que dejará (o no) por escrito

en un poema sin rima aparente.

En el cruce de calles

los peatones coinciden,

por unos segundos,

en el tiempo y el espacio.

Después cada uno de ellos

prosigue su vida,

el enésimo trayecto cotidiano.

 

© Rafa Badia

© Rafa Badia

© Rafa Badia

© Rafa Badia

 

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