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La fotografía de calle y el espacio museístico.
La fotografía de calle se caracteriza no solamente por el hecho de que está realizada en exteriores sino a mi parecer, principalmente, por la relación que tienen la acción o los protagonistas con los elementos urbanos que los rodean. Este hecho nos obliga a mirar de una manera “tangencial”, a ejercitarnos para ver y reconocer rápidamente señales, reflejos, mensajes publicitarios, etc.. que le darán a la acción un giro inesperado y a la imagen una nueva lectura.
Dentro de este género que tratamos, hay una curiosa excepción de imágenes realizadas en interiores: la fotografía en los espacios museísticos. Tomar fotos en los museos es una buena manera de adentrarse y ejercitarse en la fotografía de calle. Como dicen los ingleses, es “pescar en un barril”.
Aquí os dejo algunos puntos que os pueden animar:
- En casi todos los museos permiten realizar fotografías sin flash. Es un espacio turístico-cultural en el que es absolutamente normal sostener una cámara fotográfica en las manos.
- Los protagonistas de la acción se suelen encontrar ensimismados mirando las obras.
- Siempre es fácil pasar desapercibido porque en todo momento puedes fingir, como fotógrafo, que estás interesado en las obras y no en los espectadores. Éstos incluso te pueden pedir perdón por ponerse delante y “arruinarte” la foto, o te sonríen en un guiño de complicidades.
- Las que visitan un museo suelen ser personas que tienen la mente abierta al arte –a la fotografía- ,son tranquilos y pausados, y nunca van a enfrentarse de manera directa con el fotógrafo en el momento que tomas su foto.
- Hay obras de arte que ya son en sí mismas un temazo !!
- Los padres, sabedores de que el museo es un espacio seguro, dejan a los niños a su aire.
El ejemplo perfecto de esto que estoy hablando es el libro de Elliot Erwitt
He traducido unos párrafos de los textos de los capítulos en los que está dividido el libro “Museum watching”
1_Momentos de ocio.
En un amplio sentido (mi sentido) un museo es un lugar donde se presenta cualquier tipo de exposición. Puede ser en una iglesia o en la calle, los contenidos de un edificio o el edificio en sí mismo. El museo puede ser el almacén de casi cualquier artefacto -desde tiburones comehombres hasta la tumba de un faraón- expuestos para la reacción del público.
2_Las estatuas proporcionan un buen tema.
Intento crear una relación directa con lo que se está exhibiendo. Las estatuas proporcionan un buen tema: son tridimensionales y la gente puede rodearlas e inspeccionarlas desde varios ángulos. Tienen ojos y expresión. Miran a la persona y ésta devuelve la mirada. Ambos, estatuas y personas enfrentan actitudes y tú las puedes comparar.
3_Desnudo sin vergüenzas.
El arte es una buena manera de ver desnudos sin avergonzarse. Es una manera cultural de ver obscenidades y mucho más digno que comprar una revista pornográfica. Creo que esto en muy positivo. El arte te enseña que la sexualidad no es algo de lo que avergonzarse. Puedes satisfacer tu curiosidad sexual y adquirir cultura al mismo tiempo.
4_El trabajo más aburrido del mundo.
Deberíamos ser amables con los vigilantes de los museos. Junto con los operadores de ascensores, ellos tienen el trabajo más aburrido del mundo. La única manera en que ellos pueden imponerse profesionalmente es prohibiendo algo o explicando cómo llegar al lavabo de caballeros. Deberías ser misericordioso y no quejarte cuando te recriminan algo, porque ese es el único momento en que tienen algo que hacer.
5_Cada uno tiene que estar en algún sitio.
Incluso antes de Woody Allen, la gente ya iba a los museos en busca de compañía. Esto tiene sentido porque normalmente la gente de los museos es de tipo cultural, y puedes fácilmente entablar una conversación acerca de un objeto y darte a conocer. Para las personas que no tienen perros, los museos realizan una buena función. Yo no conozco personas en los museos porque estoy ocupado observando y haciendo fotos.
6_Importantes personajes disecados.
Disecar personajes importantes y exponerlos puede parecer una absoluta vulgaridad, pero es algo que se hace en estos días. Consideremos a Lenin, Stalin, Mao-Tse-Tung o la Madre Cabrini en el uptown de Manhattan, sin mencionar los numerosos ataúdes de cristal expuestos en las Iglesias católicas alrededor del mundo. En comparación, los museos de cera son un pobre sustituto.
7_Todos los museos son interesantes.
Todos los museos tienen personalidades: algunos son íntimos y acogedores, otros son vastos e insondables. Algunos son agresivos y súper modernos sin ningún otro propósito que atraer la atención sobre sí mismos. A menudo hay museos que se especializan en arte conceptual. Mis favoritos son aquellos que no dicen “mírame” sino que se encuentran en armonía con sus contenidos.
Y por supuesto, los integrantes del grupo In-public también se hicieron eco de las grandes posibilidades del espacio museístico.
Aquí os dejo unas imágenes de Nick Turpin que ilustran muy bien las reflexiones anteriores.
Para finalizar, espero que este pequeño comentario y las fotos que lo componen pueda suponer una nueva puerta a explorar para los amantes de la fotografía de calle. ¡¡¡ La perfecta excusa para tomar los museos !!!
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“Dejad que los niños se acerquen a mi”
Después del parto, al llegar a la habitación del hospital donde toda la familia se ha reunido, empieza la primera sesión de fotos del bebé: en un par de horas, como las top models, cientos de disparos con mamá, papá, los abuelos, los tíos, primos, amigos, vecinos..
Desde su invención y a partir de 1830, hemos utilizado la fotografía para “inmortalizar” a nuestros pequeños. Precisamente en aquellos días, por la alta tasa de mortalidad infantil, se puso de manifiesto una moda fotográfica “post mortem” en la cual los familiares realizaban una imagen que se convertiría en el recuerdo de la pérdida del ser querido. Vestido para la ocasión, la imagen quedaría ahí para la posteridad.
Daguerrotipo, a partir de 1839.
En la siguiente fotografía, si observamos atentamente, podemos darnos cuenta que la niña de la derecha es la que centra toda nuestra atención: la manera en que sostiene la sombrilla -fuertemente y con las dos manos-, su mirada directa a la cámara y el peso del cuerpo bien asentado en sus pies. En el otro lado, vemos un niño con ojos entre abiertos, la cabeza caída hacia atrás y unos pies y manos que no se sostienen. Y es que, en esta moda, era muy común hacer que sus familiares, padres o hermanos, interactuasen con el pequeño difunto.
Julia Margaret Cameron “Paul and Virginia” (1864)
En cuanto los medios técnicos fueron evolucionando, la fotografía dejaría el ámbito privado o la estaticidad del paisaje y el bodegón para adentrarse en el documentalismo: entender la imagen como un medio para acercarnos a las vidas de los demás. Así, me gustaría destacar el trabajo de Lewis Hine, “Let the children be children”, centrado en las condiciones laborales de los niños que trabajaban en fábricas, a principios del siglo XX en plena Revolución Industrial.
Lewis Hine. “Child working in cotton mill” (1908)
Y autor, a mi parecer, de una de las fotografías de niños más hermosas de la Historia.
Lewis Hine, “Rascal from Paris” (1918)
Pero es precisamente en la calle donde los niños brillan con luz propia.
En el período de entre guerras o justo acabada la II Guerra Mundial, en condiciones de vida todavía difíciles o en un entorno de casas derruidas, los niños toman el espacio público. El fotógrafo Robert Doisneau (1912-1994) hizo de este uno de sus temas.
© Atelier Robert Doisneau, “Les frères”, 1934.
© Atelier Robert Doisneau
Una de mis fotos favoritas de niños es también la siguiente.
Tan importante como para que un desconocido le haga una fotografía. Hay que estar a la altura: a pesar de lo grandes que le vienen los pantalones… orgullo, la mejor sonrisa posible, mirada altiva y pecho fuera. Es el protagonista de un gran acontecimiento, el acto fotográfico.
Henri Cartier-Bresson “Boy smilling with wine bottles”, 1954.
Pero en el caso de la fotografía de niños, la calle no es simplemente un espacio para jugar, sino que puede convertirse en un medio hostil en el cual hay que sobrevivir. Y podemos observar esto en el fantástico trabajo “Children of Bombay” del autor Dario Mitidieri.
Creo que la siguiente fotografía muestra claramente como el mismo espacio público genera dos realidades antagónicas: un niño sonriente, bañado en luz, que sale del colegio vestido con su uniforme y su mochila a la espalda; frente al otro que yace dormido y exhausto, la dejadez y el abandono.
©Dario Mitidieri
Y aunque su día a día sea difícil, obligados a la fuerza a crecer y hacerse fuertes para sobrevivir, los niños siguen siendo niños… pueden olvidarse por un momento de todo, sonreír y ponerse a jugar con unas pompas de jabón.
©Dario Mitidieri
Aunque no me lo he encontrado tanto en el resto de Europa, en España hay un especial celo a la hora de que una familia o unos padres dejen que sus hijos sean fotografiados en la calle. ¿Hay algo malo en tomar una fotografía de un niño mientras se columpia en un jardín? Es verdad que las imágenes pueden tener una carga importante, pero está en las manos del fotógrafo el decidir qué quiere transmitir con su trabajo.
©Carlos Prieto
©Rafa Badía
Lo contrario sucede cuando estás disparando en una fiesta o especialmente en carnaval. No sé si os ha pasado, pero los padres se deshacen literalmente para que hagas una fotos a sus niños. Carta blanca. Los exhiben como un trofeo en una suerte de competición: ¿cuál es el más guapo? ¿cuál va mejor disfrazado? Carnaval es el paraíso de la fotografía de calle infantil. ¿Quizás por el hecho de llevar a su hijo disfrazado, piensan que el pequeño está protegido de los malvados? o porque disfrazado, ¿esa imagen no tiene nada que ver con la imagen “real” de su hijo?…
©Marcelo Caballero
Carnaval de Rotterdam, 2005. ©José Manuel Alorda
La siguiente fotografía la tomé en 2003, así que la pequeña tiene ahora unos 13 o 14 años. ¿Es esta su imagen?
Carnaval de Palma de Mallorca, 2003. ©José Manuel Alorda
Quizás porque no soy padre y sí he sido profesor durante 15 años, los niños o los adolescentes forman parte de mi felicidad personal y fotográfica. Hace tiempo, revisando mi trabajo, fue una amiga la que apuntó, ¿te has dado cuenta de la cantidad de fotos que tienes sobre niños? En ese momento fui consciente, y hasta ahora no he dejado de tomar imágenes de ellos. Para mi es un acto de cariño que voy a continuar haciendo.
Os dejo algunas más.. espero que os gusten.
Londres 2004. ©José Manuel Alorda
Barcelona 2004. ©José Manuel Alorda
Barcelona 2001. ©José Manuel Alorda
Barcelona 2006. ©José Manuel Alorda
La mirada frente al espejo
En “Blancanieves” la mítica película que estrenó Walt Disney en1938, donde la malvada reina instiga al espejo a que responda a su mayor temor. O Robert de Niro que apunta con una pistola a su reflejo en “Taxi Driver” preguntándole: “¿are you talking to me?”. Éstas, son famosas escenas que nos muestran esa obsesión por saber “quién es ese”, cómo nos vemos, las marcas que el paso del tiempo produce en nuestros rostros o simplemente el ansia de dejar constancia de que una vez existimos, puede hacernos incluso esclavos de esa imagen.
En la historia de la pintura encontramos innumerables casos en los cuales los reyes, mecenas o incluso el pintor quisieron “estar allí”.
El maravilloso lienzo de Jan van Eyck: “Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa”, uno de los mejores ejemplos de pintura pre renacentista, es de los primeros en los cuales se representa una escena cotidiana y cuyo centro de atención es un espejo convexo que se encuentra detrás de los protagonistas y nos devuelve la imagen de dos espectadores de la escena, de nosotros mismos.

Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa - 1434
En “Las Meninas” de Diego Velázquez, toda la atención de la obra recae, no tanto en los personajes propios, sino en los espectadores de éste: los reyes contemplando un momento, un instante fugaz en la cual su pintor de corte posiblemente les está realizando un retrato y, junto a la cálida y suave luz lateral de la ventana, se ven / nos vemos de nuevo reflejados en el espejo del fondo de la estancia.

Las Meninas - 1656
En la línea de la obsesión del artista por la autorepresentación, la serie de pinturas realizadas por el holandés Rembrandt (Leiden 1606, Amsterdam 1669) a lo largo de su vida puede ser otro ejemplo. Personalmente, siempre me ha gustado enfrentar dos autorretratos en concreto: uno, ese joven de 20 años, de futuro prometedor, altivo y casi impertinente;

Autorretrato con boina de plumas”, 1629
y el otro, el hombre mayor de rostro ajado y mirada cansada justo al final de su vida.

“Autorretrato a los 63 años”, 1669
La fotografía tal y como apunta Gisèle Freund en su libro “La fotografía como documento social” ha supuesto una eclosión: ya todos tenemos prácticamente nuestra vida registrada en imágenes y, es obvio, que queramos “dejar constancia”.
Un caso no tan diferente podría encontrarse en la fotografía de calle. Se entiende que aquellos que se dedican a esta disciplina tienen que ser espectadores de algo que sucede frente a ellos mismos y que, de una manera u otra -ropa, cámara, distancia, etc..- , deben pasar desapercibidos.
Pero como en todo, no hay manera de escapar a “la mirada del otro”.

© William Klein

© William Klein

© William Klein
Personalmente, me he dado cuenta que en la selección de mis fotografías no sigo los preceptos del mimetismo callejero. Al utilizar una cámara compacta de película y óptica fija, esto me obliga a acercarme mucho a la escena.. quizás demasiado. Así, muchas de las personas que aparecen en mi trabajo, me miran.

Amberes 2008 © José Manuel Alorda
Me devuelven la mirada… quizás son el reflejo de aquello que yo mismo proyecto: el ansia de pensar que yo también he existido, que he dado un paso y he cruzado la barrera, “que he estado ahí”.

Barcelona 2002 © José Manuel Alorda

© José Manuel Alorda
Quizás, sigo atrapado en el espejo.
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Nueva incorporación a Calle 35. José Manuel Alorda

Desde hoy lunes se incorpora a Calle 35 el fotógrafo José Manuel Alorda
José Manuel Alorda (Ibiza, 1967) es licenciado en Bellas Artes y alterna su labor docente con la práctica fotográfica en los ámbitos de retrato y paisaje. En 1998 compra una pequeña cámara compacta, la rusa Lomo Lc-a, y más tarde empiezan sus paseos por diferentes ciudades. Su trabajo tiende a un humanismo de luces suaves y composiciones sencillas.


En palabras de José Manuel, la práctica de la fotografía de calle está ligada a su experiencia vital: sí, estás/estamos aquí. Es la excusa perfecta para acercarse y compartir alegrías o tristezas, puntos suspensivos… todos esos momentos -inacabados- se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.


Enlace a la galería de José Manuel Alorda.
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