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Entrevista a Sion Fullana, pionero de la street móvil photography. Última parte

© Sion Fullana

MC:  La street photography es una de tus grandes pasiones y el móvil, según tus palabras, el formato ideal por su capacidad de discreción para realizar imágenes a desconocidos. ¿Qué otras ventajas o desventajas tiene?

SF:  Bueno, como bien dices, la discreción es realmente clave. Pero además de para sacar “robados” sin posar en la calle, también sirve como cámara que no intimida en otros momentos como al tomar retratos, fotografía documental o incluso al pedirle a un desconocido que pose para ti.

El foto-periodista Damon Winters lo ilustró perfectamente al hablar de su serie de fotos ganadoras de un premio POYI sobre jóvenes soldados estadounidenses en Afganistán que creó usando solamente su iPhone.  Decía Winters que cuando los jóvenes militares le veían tomando fotos de ellos con su teléfono, mientras de su hombro colgaban sus carísimas cámaras profesionales, se reían y seguían con lo que fuera que estaban haciendo, en vez de posar o salir pitando de la escena. Como ellos andan sacando fotos unos de otros con sus teléfonos, es algo que no consideran una “amenaza”, es un lenguaje que todos usamos hoy en día, y gracias a ello consiguió el periodista imágenes increíbles, de momentos muy relajados y hasta de gran intimidad en la camaradería de los soldados.

En cuanto a desventajas, obviamente un móvil no tiene zoom real por lo que tienes que estar “cerca” de la acción, lo que en parte para mí se convierte en ventaja. Y también te obliga a depender totalmente de tener buena luz para trabajar. En un día soleado en la calle o usando una buena luz artificial en interiores, te aseguro que una foto tomada con iPhone no tiene mucho que envidiarle a una Canon 5D. Aunque claro, cuando la luz decae en la tarde, ahí apaga y vete. Sin luz, tendrás que lidiar con desenfoque, movimiento y ruido en la imagen. Por tanto, ya he aprendido a ni intentarlo a ciertas horas del día.

 

No Music For a Snowy Night © Sion Fullana

 

MC:  Veo que utilizas el blanco y negro y el color de una manera muy natural en tus trabajos. ¿Con cuál de ellos te sientes más cómodo?

SF: Para empezar, supongo que el blanco y negro tiene un sentido de historia, de memoria y de perdurabilidad. Por eso me inclino más hacia su uso. Hace poco descubrí una cita del autor Ted Grant que decía: “Cuando fotografías a la gente en color, estás fotografiando su ropa. Pero cuando lo haces en blanco y negro estás fotografiando sus almas.” Eso me ayudó a ilustrar un poco un concepto que estaba sintiendo pero no sabía bien como definirlo en palabras. Imagino que todo se resume a que hay ciertas cosas que “gritan” ser fotografiadas en color para revelar un detalle sobre una persona o un lugar, o para destacar una parte concreta. Pero para mí, la mayoría de imágenes revisten de más personalidad y emoción en blanco y negro, y siento que ayuda a meterte más dentro de la historia que pretendes contar, sin las distracciones de color a través del encuadre.

También me ocurre a menudo que pienso “Esta foto se ve bien en color, debería guardarla así”, pero al ir a subirla a cualquiera de mis plataformas, de repente algo en mi instinto me empuja sin embargo a elegir la versión monocromática. Quizás por ello me doy cuenta que salgo más y más a la calle disparando directamente en blanco y negro con el iPhone, a través de apps como VintB&W, ClassyCam en modo mono, etc. Así la decisión se toma por sí sola.

 

Mutual Curiosity ©Sion Fullana

 

MC:  Los móviles inteligentes tienen una calidad de tamaño de imagen limitada con respecto a las cámaras réflex de tipo profesional. Esta limitación puede traer problemas a la hora de realizar copias para una exposición o para publicarlas en un libro, ¿Cómo solucionas estos problemas?  ¿Qué medidas de copias se utilizan normalmente en una exposición? Cuéntame un poco sobre ello. 

SF: Como bien dices, en su nacimiento (y todavía hoy de algún modo) el tener una cámara sin la misma resolución te creaba dificultades. Por ejemplo, los dos primeros iPhones, con solo 2MP. Algunas imágenes de entonces, aunque se vean divinas, son difíciles de trabajar para conseguir según qué resultados. Pero aun y así yo he visto imágenes capturadas con esos primeros móviles impresas y ampliadas a 12”x12” (30x30cm) con una calidad suficiente para ser expuestas. Siempre depende todo al final de qué imagen tienes para empezar.

Y después nos vamos a los 5MP del iPhone 4 o los 8MP del iPhone 4s, y ahí sí que de verdad puedes lograr resultados bastante espectaculares. En una exposición de Anton en San Francisco en el cuartel general de Hipstamatic, le hicieron unas impresiones de sus capturas urbanas en Nueva York a tamaño 30”x30” (76,2 cm por cada lado) y te aseguro que no había un solo detalle en que la resolución fallara. Nos quedamos impresionados al ver ese nivel a semejante tamaño. En mi caso, yo he trabajado en mis diferentes exposiciones a 16”x20” (40 x 50cm), 16”x16” (40x40cm) y con una calidad totalmente igual a la de cualquier impresión hecha de una de mis fotos con DSLR. Y conocemos algunos casos en que usando algoritmos de extensión de tamaño en Photoshop y similares, hay gente que ha incluso doblado esas longitudes con éxito.

Al final, es que mucha gente te dice que para qué disparar con iPhone en vez de otra cámara, si al final no vas a poder sacarle según qué usos. Y bueno, quizás no vayas a imprimir mañana mismo una foto de iPhone para colgar en una valla publicitaria gigante en la Gran Vía de Madrid o Times Square en Nueva York… pero todo es cuestión de tiempo. Y hoy en día, la mayoría de usos que hacemos es o bien para formatos digitales online, o para folletos, libros, revistas, etc. de tamaño habitual. Para cualquiera de ellos, una imagen buena hecha con un teléfono va a ser tan exitosa como otra de una cámara de 25MP.

 

A Human Connection © Sion Fullana

 

MC:  ¿ Qué tipo de móviles utilizas actualmente para tus trabajos documentales y también me gustaría saber cómo armas “tu cuarto oscuro” de edición, ¿qué aplicaciones utilizas?, ¿El photoshop es útil para editar imágenes móviles?

SF:  De momento solo uso iPhone, y por una razón u otra he acabado teniendo y trabajando con todos los modelos excepto el primero (3G, 3Gs, 4 y 4s). En cuanto a la edición, siempre ha habido debate sobre si para considerarlo fotografía móvil o “iPhoneografía” había que dejar todos los pasos (tomar la foto, procesarla y compartirla en las redes sociales) a través del mismo terminal, sin pasar por la computadora o siquiera una tableta como el iPad, el que la tenga. Yo me opuse vehementemente a tener que ponerse en plan rígido o a quien pretendía crear “la constitución de la iPhoneografía” con sus normas y leyes. No hay nada que me parezca más ridículo y hasta pretencioso que querer definirlo todo y cerrar a un creador sus puertas para que pueda lograr el mejor resultado que él o ella crea posible a partir de una imagen. Si alguien saca una foto con su móvil y luego usa Photoshop o cualquier otra cosa para conseguir el look final que tenía en mente, entonces a por ello…

Dreaming of Mister Schmigel © Sion Fullana

 

Otra cosa es que ahora mismo hay miles de aplicaciones fotográficas para el iPhone, tanto para tomar fotos ya desde un estilo determinado (proceso cruzado, blanco y negro, formato cuadrado, estilo polaroid, etc.) o para lograr casi cualquier cosa en el procesado posterior (desde pinceles para borrar un defecto, hasta desenfoque selectivo, filtros de colores, grano en blanco y negro, dobles exposiciones, etc.).
Al ser más rápidas y fáciles de usar, cuando encuentras las herramientas que funcionan mejor para ti y aprendes a sacarles el máximo jugo, es mucho más fácil trabajar en tus imágenes desde donde quieras que estés, y sin tener que esperar a llegar a casa y descargar todo en el ordenador y pasarlo a Photoshop o Lightroom o similares y luego de vuelta al teléfono (si quieres usar Instagram).
En mi caso, suelo disparar mucho con VintB&W (una app gratuita que lo único que hace es sacar y guardar la foto ya procesada en un perfectamente contrastado blanco y negro), o con algunas apps que permiten bloquear la exposición donde la prefieras (lo que funciona fantástico al trabajar la calle en un día de mucho sol), como ProCamera o ClassyCam.
Para editar, en los últimos meses solo he utilizado tres apps en un 95% de los casos: Snapseed (con la gran herramienta del ajuste selectivo para trabajar ciertos puntos por separado dentro de la imagen), Camera+  (que tiene unos filtros sencillos pero efectivos y un modo “Escena” que es como jugar con el balance de blancos a posteriori), y Monochromia  (con diversos estilos de blanco y negro bastante bien conseguidos).

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Hechos y ficciones

A medida que el interés puesto en la poderosa capacidad descriptiva y, por así decirlo, denotativa y mimética de la fotografía se fue desplazando hacia sus posibilidades evocativas, connotativas y “poiéticas”,  a medida que se fue asumiendo que toda documentación (no sólo fotográfica) implica cierta instancia, mayor o menor, más o menos consciente, de construcción, y que, por lo tanto, es necesaria y forzosamente subjetiva, la fotografía documental se fue volviendo más personal. Haciendo de la necesidad virtud, se comenzaron a explorar las peculiaridades y privilegios de una subjetividad conscientemente asumida y se pasó de registrar (pretendidamente) aspectos del mundo exterior, a documentar, a través del particular registro de determinados hechos externos, las certezas y perplejidades de las experiencias internas.

Según Gerry Badger, dos manifestaciones ejemplares de esta nueva tendencia de la fotografía documental serían The Americans, de Robert Frank, y New York, de William Klein, cuya peculiar organización narrativa llega incluso a calificar de “flujo de conciencia”.

© Robert Frank

© William Klein

En la península Ibérica, uno de los primeros trabajos en los que cabría reconocer la influencia de esta vertiente de la fotografía documental sería Barcelona blanc i negre, de Xavier Miserachs, obra en parte inspirada, según ha reconocido el mismo autor, por New York, Roma y Tokio, de Klein.

© Xavier Miserachs

Actualmente, décadas después de la eclosión de este enfoque del documentalismo, algunos notables fotógrafos continúan considerando necesario advertir acerca de la subjetividad de sus trabajos. Así, al inicio mismo del prefacio de su American Color 2, Constantine Manos señala: “El asunto de American Color 2 son fotografías hechas en Estados Unidos, pero sin que pretendan componer una declaración sobre el país o su gente”. Más abajo precisa aún mejor a qué se refiere: “[…] tenía que responder a la cuestión de si yo era un fotoperiodista o un fotógrafo documentalista. Lo primero implica fotografiar acontecimientos noticiables; lo segundo implica mostrar cómo son las cosas. Finalmente, me di cuenta de que lo que hago debería ser calificado de ‘documentalismo personal’”.

© Constantine Manos

Durante los últimos años pareciera que se ha dado cierta profundización de esta tendencia. Según una nueva vuelta de tuerca en este proceso, no sólo ya no se aspiraría a documentar “objetivamente” la realidad, sino que activamente se buscaría construir ficciones a partir de ella. Uno de los más destacados renovadores de la fotografía documental, el británico Martin Parr, declara: “Con la fotografía quiero crear ficción a partir de la realidad: procuro hacerlo y lo hago tomando los prejuicios naturales de la sociedad y dándoles un giro”.

Un ejemplo autóctono. En la introducción a un monográfico sobre Cristóbal Hara publicado por La Fábrica, Chema Conesa señala: “El lenguaje fotográfico de Cristóbal Hara ha evolucionado desde una clara voluntad documentalista […] hasta llegar […] a reducir la realidad a la ficción”. Es más, en el colofón que cierra An Imaginary Spaniard, obra que bien podría inscribirse en esta suerte de documentalismo personal, Hara se sirve de una cita de Ortega y Gasset para aludir a la radical subjetividad de su trabajo. La versión inglesa de la cita de Ortega dice: “Only the imaginary can be exact”. Lo cierto es que el aforismo de Ortega es: “Sólo lo fantástico puede ser exacto”. Se diría que, más que traicionarla, la traducción perfecciona la cita.

La decisión de citar a Ortega y Gasset no parece caprichosa. Ortega fue, en el mundo hispanohablante, uno de los mayores referentes del perspectivismo nietzscheano, según el cual toda representación del mundo se encuentra determinada por la singularidad del sujeto cognoscente. “No hay hechos, sólo interpretaciones”, dice Nietzsche. Toda afirmación acerca de la realidad depende del punto de vista de quien la formula. Esto valdría, por supuesto, también para la fotografía.

 

© Cristóbal Hara

Sin embargo, habría que matizar semejante perspectivismo y procurar no sacarlo demasiado de contexto. A la hora de teorizar ante un café a la mesa de un bar, el dicho de Max Weber puede ser muy sugestivo: los facta (hechos) serían ficta (ficción). Sin embargo, pregúntesele sobre los hechos y las ficciones a un fotógrafo de guerra a cuyo alrededor silben los proyectiles y estallen las bombas.

El antagonismo entre la visión del mundo perspectivista y esa suerte de objetivismo propio del documentalismo clásico queda claramente retratado en The Changing of a Myth, el documental sobre Magnum realizado por Reiner Holzemer. Luego de mostrar cómo Martin Parr fotografía chuletas de cerdo en el mercado del barrio aparecen algunas dramáticas fotografías de Jones Griffiths tomadas en Vietnam y el propio Jones Griffiths, durante una entrevista, asegurando que la esencia de Magnum (sinónimo de fotografía documental) es “registrar la condición humana [...], se puede interpretar de la manera que se quiera, pero esencialmente el común denominador es un interés por el mundo exterior, no tu vecindario”.

 

© Martin Parr

Pareciera que el tema o asunto fotográfico determinara fundamentalmente la especie de documentalismo. Al fotografiar espacios, circunstancias o acontecimientos extraordinarios, generalmente dramáticos o conmovedores, la reivindicación de una mirada personal cedería terreno ante el valor de la descripción mimética de los hechos. Por el contrario, al fotografiar aspectos ordinarios, propios de la vida cotidiana, la perspectiva personal, connotativa y “poiética” ganaría protagonismo. Si es cierto que la fotografía de calle pertenece al género de la fotografía documental, entonces habría que inscribirla en esta última concepción del documentalismo.

La dificultad de reconciliar la visión del mundo perspectivista y la objetivista pondría de manifiesto, en última instancia, la condición problemática de lo que se entiende por realidad, la naturaleza incierta y huidiza de eso a lo que se alude al hablar del “mundo exterior”.

La capacidad de extraer del inapelable flujo del tiempo un instante que “ha sido” (noema de la fotografía, según Barthes), el hecho fascinante y hasta aterrador de que toda fotografía sea, literalmente, el registro de la “emanación” de un cuerpo, en suma, la inaudita disociación a la que induce todo registro fotográfico tal vez podría contribuir, como un poderoso y ambiguo instrumento, a llevar a cabo la aspiración de “tocar” la realidad, ese esquivo “mundo exterior” que puede buscarse tanto en Afganistán como en las calles de nuestro vecindario.

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