Tokio: el lugar más fácil del mundo para hacer fotografía de calle (1)

FOTO: Cesc Giralt

FOTO: Cesc Giralt

A finales de febrero me fui seis semanas a Tokio a hacer fotografía de calle. A pesar de considerarme a mí mismo un fotógrafo de calle, ya estuviera en Barcelona, Nueva York, el Sureste-asiático o China, casi siempre que hacía una foto a alguien de cerca notaba que se me aceleraba el corazón y se me disparaba la adrenalina. Tenía miedo. Incluso disparando desde la cintura y con la Fuji X-100-t en modo de silencio total, me daba cierto reparo que pudieran darse cuenta de que les estaba haciendo fotos y que me dijeran algo… Un drama, vaya. Esto, en el fondo, es bastante agotador psicológicamente, y una de las excusas que me pongo y que me tiran para atrás cuando pienso en salir a hacer fotos en mi ciudad. Pero a la vez, esto hace que cada año -al menos desde hace tres años- me vaya algunas semanas de viaje: no para ver montañas ni templos ni museos, sino para hacer fotos de calle.

Así que este año me fui a Tokyo. Durante los primeros días, disparaba con el temor habitual a ser descubierto y a recibir una bronca o, al menos, a tener que dar explicaciones -en japonés!-, hasta que enseguida me di cuenta de que, aunque te “pillaran” haciéndoles una foto, no te decían nada. No pasaba nada. A lo sumo te decían “thank you”, o te sonreían, aunque fueras en plan Gilden (en mi caso, sin flash). ¡¿Pero cómo…?! Pues sí. Había llegado: había encontrado el paraíso del fotógrafo de calle. A partir de ese momento, el corazón dejó de acelerarse y no sentía para nada la adrenalina. Qué placer. Qué tranquilidad. Om. Y qué majos ellos.

Pero no sólo era el paraíso por poder hacer fotos sin ningún temor, sino sobretodo porque hay muuuuuuucha gente, muchísima, y claro, cuando hay más gente, pasan más cosas, y como fotógrafo me gusta que pasen cosas. Pura matemática: hay 32 millones de personas en el área metropolitana de Tokio. Y aunque en realidad es como un pueblo, lleno de callejuelas estrechas y laberínticas, casi sin coches y muchas veces ni un alma, los tokiotas tienden a juntarse en determinados núcleos. Y cuando se juntan, es espectacular. Sólo en el famoso cruce de Shibuya, más de mil personas cruzan la calle a la vez y no chocan.

El año pasado yo me “quejaba” de que en China la gente solía estar desperdigada, porque los espacios son tan enormes -incluso dentro de las megápolis-, que costaba encontrar multitudes, zonas de esas en qué intuyes que pueden pasar cosas. En Tokio no. En Tokio tienes Shibuya, Harajuku, Asakusa, Ginza… Sitios a los que volví repetidamente durante mi estancia y de los que no me aburría. Además, los alrededores de cualquier estación de metro ya generan un ambiente que vale la pena explorar, y hay más de 1.000 estaciones en su área metropolitana…

32.500 fotos en 42 días

Pues sí, ¡toma ya! Tengo el gatillo fácil. El año pasado en China, por ejemplo, hice 12.000 en dos meses, pero me pasé días enteros en trenes, anduve horas por las calles cargado buscado alojamiento, etc. Estuve viajando, vaya. Pero en Tokio sólo hacía fotos, nada más. Desayunaba en mi pisito de Airbnb cerca de Shibuya, salía a la calle y estaba haciendo fotos entre 5 y 7 horas cada día. Volvía a casa, descargaba la targeta, hacía una copia de seguridad, tomaba una ducha, cenaba y a la cama. Así todos los días. Como si fuera un curro. O casi. Descansé 4 o 5 días (bueno, los dedicaba a editar, menos uno que tuve resaca…). Además, los últimos 10 días los dediqué a fotografiar el hanami, por lo que hay que descontar casi 10.000 fotos; enseguida cuento por qué. De esto -de mis fotos del hanami- va este primer post sobre mi estancia en Tokio.

Fotogrfiando el hanami

A mi me gusta describir el Hanami como picniks masivos que llevan a cabo cada año los Japoneses durante los pocos días en que los cerezos están en flor (lo que ellos llaman “sakura”). Literalmente, Hanami significa “contemplar la flor”. Esta tradición la practican desde hace más de mil años, pero supongo que con el tiempo pensaron que con algo de sake y el estómago lleno las flores lucían mejor. En Tokio, el sakura (y por lo tanto también el hanami) dura unas dos semanas. Cuando los árboles dejan de estar floridos, ya no hay picnics y los parques vuelven a quedar vacíos.

Antes de irme para Tokio, había leído sobre el hanami y había visto algunas fotos. No me pareció nada del otro mundo, hasta que leí este post sobre los salary man (así se llama en Japón a los trabajadores que llevan traje y corbata) que por la mañana van a los parques a guardar los mejores sitios para contemplar las flores, y esperan sentados en grandes plásticos azules o verdes a que lleguen sus compañeros después del trabajo. Entonces empieza la fiesta.

Un punto de vista diferente

Para hacer las fotos de los picnics, pensé en hacer algo diferente, sobretodo para evitar el increíble ruido visual que intuía que debía haber en los hanami. La solución fue tomar las fotos desde arriba, desde el punto de vista de los cerezos que a los japoneses les gusta tanto contemplar.

En un principio, mi idea era hacer fotos sólo de los salary man esperando. Cuando visualizaba este proyecto, me veía a mí mismo acercándome a un salary man solitario y pidiéndole permiso para hacerle una foto -en japonés, que por algo había estudiado tres meses antes del viaje-. Después de haber estado un mes en Tokio, tenía claro que no haría falta decir nada.

Pero cuando llegué al parque Ueno el primer día de hanami (donde había leído que había mucho ambiente), supe que no me tenía que limitar sólo a los salary man esperando: había tanta variedad de picnics (desde los más organizados, con mesitas y cojines a los que se sentaban sobre un periódico) que intuí que el proyecto podía funcionar ni que fuera sólo a nivel estético.

Pero quizá lo más interesante para mí es que muestra cómo son los japoneses en su gran mayoría: gente alegre, sociable, que disfruta juntándose con la familia, los amigos o los compañeros de trabajo. En cambio, en muchos de los trabajos fotográficos que yo tenía en mente sobre Tokio (excepto el Tokyo de William Klein), sólo mostraban la parte perversa, erótica, oscura, criminal, solitaria, etílica… Desde el Go (2000) de Bruce Gilden, a Moriyama, pasando por el I, Tokyo (2008) de Jacob Aue Sobol o el impresionante Salaryman (2009) de Pawel Jaszczuk. En esta línea también están trabajos como el Crush in Tokyo de Michael Wolf, con esos pasajeros apretados contra los cristales del vagón de metro. Todo eso está claro que existe. Per lo que yo vi y viví durante un mes y medio en Tokyo tiene poco o nada que ver con todo eso.

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Un servidor “atacando” el hanami. FOTO: César Roman

Para realizar las fotografías utilicé un monopié con una rótula y la Fuji X100T con su objetivo equivalente a 35mm. La elección de la cámara se debió a que permite realizar el número de fotos que quieras, a razón de una por segundo, después de pulsar el disparador. La programé a 10 fotos y me fui al parque Ueno.

Fui al mismo parque siete días en un periodo de diez días. Levanté el brazo con el monopié 1.050 veces, por lo que realicé 10.500 fotos (por eso decía que hay que restar unas 9.500 de las 32.500). Así tenía la mano al cabo de unos días:

Mi mano después de algunos cientos de levantamientos de "Fuji con percha"...

Mi mano con ampolla después de varios días de levantamiento de “Fuji con percha”…

En lo que tardaba en situar la cámara encima de la gente y “encuadrar” ya pasaban 3 o 4 segundos; mientras la cámara disparaba las 6 o 7 fotos restantes, movía ligeramente el monopié para asegurarme de que en alguna el encuadre fuera el deseado.

La cámara estaba configurada con enfoque manual a 3,5 metros, en exposición manual, siempre entre f8 y f16 (menos por la tarde-noche, que disparé con flash a f4 o 2.8, también en enfoque manual).

Debo decir que sólo en tres o cuatro ocasiones (de las 1.050) alguien me dijo que no quería que hiciera la foto. La mayoría, cuando me veían, empezaba a saludar a la cámara y me arruinaba la foto; muchos otros nunca se enteraron, y el resto siguieron con lo suyo como si nada. Por lo que siempre intentaba hacerla desde detrás -si era posible- o levantar el brazo tan rápido que al menos los primeros disparos los cogiera desprevenidos y sin posar.

Aquí tenéis una selección de las fotos que realicé durante esos diez días de Hanami. Las fotos de calle hechas “desde el suelo” aún están en periodo de edición y las mostraré en el próximo post. Arigatou gozaimasu!!!!!

 

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Comentarios (3)

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    Cesar Roman

    |

    Jajajajaj,

    Muy grande Cesc!!!

    El año que viene repetimos!!!

    Un abrazo

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  • Avatar

    moncat

    |

    Veo que te ha salido alguna buena foto entre las 32.500 😉
    todo un record!
    digno de análisis, ¡un fotógrafo com ampollas de tanto click!
    Genial Cesc.

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