Un pedacito del Aleph

El Aleph es un punto en el universo que contiene a todos los otros puntos:

El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo.

El cuento de Borges siempre ha sido uno de mis favoritos. Su final, con Borges saliendo a la calle momentos después de haber visto el aleph, es la parte que siempre recuerdo:

En la calle, en las escaleras de Constitución, en el subterráneo, me parecieron familiares todas las caras. Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio me trabajó otra vez el olvido.

Hace ya unos diez años que hago fotografía callejera en San Francisco. Cada tanto, alguna cara me parece familiar, cuando me cruzo con alguno de mis sujetos de fotos anteriores. Ellos no lo saben, pero de alguna manera, y en forma muy limitada, son parte de mi propio Aleph.

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San Francisco, 2005

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San Francisco, 2009

San Francisco, 2005

San Francisco, 2007

Es una de las razones por las que me gusta hacer fotos en la calle. Cada vez que me pasa esto, cada vez que tengo esa impresión de volver, me siento un poquito como el Borges del cuento.

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Comentarios (3)

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    Mingo

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    Muy bueno Juan!
    También me encuentro con gente que forma parte de mi archivo de fotos y al verles después de años es curioso. Ellos no me conocen de nada pero yo les recuerdo y recuerdo el momento en que les hice alguna foto… Es una sensación bonita.

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    Carlos Prieto

    |

    Comparto sentimiento con los dos, sin ir más lejos la semana pasada me invadió, cuando un camarero me sirvió un café pero él no sabía que era el protagonista de una imagen a la que tengo mucho cariño. Es algo muy personal.

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    rafa badia

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    Bonita entrada, Juan!
    Yo creo ser mas de Cortázar que de Borges..Todo y así “El Aleph”me dejó clavado en la silla. Es un relato de una clarividencia hermosa pero brutal, casi terrible .
    Yo también comparto con Carlos y Mingo la sensación, ese placer íntimo al reencontrarme con personas a las que he retratado previamente en la calle. Personas que, sin que ellas lo sepan, forman parte de mi vida. A veces tengo la tentación de pararlos y entablar conversación con ellos..Pero siempre lo dejo pasar, por temor a romper la magia de aquel encuentro fortuito que tan sólo duró unas décimas de segundo.

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