Hara, Jacobson y el presente preñado de futuro

“Ordenar bibliotecas es ejercer, de un modo silencioso y modesto, el arte de la crítica”

(J. L. Borges, “Junio, 1968”, vv. 16-18)

 

Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura, reza el aforismo de José Gaos. Mi biblioteca fotográfica apenas si merece tal nombre, es un anaquel minúsculo, aún incompleto. Más que un proyecto de lectura, ese anaquel (ese anaquel con espacio disponible, en rigor) sólo constituye un proyecto de biblioteca, es decir, es el proyecto de un proyecto de lectura… Sin embargo, es algo más que un puñado de libros. Cuando guardé allí mi última adquisición me di cuenta de que la cantidad de volúmenes, aunque exigua, exigía ya un determinado ordenamiento. Considerar como mera posibilidad el sistema Dewey de clasificación decimal resultaba excesivo: hablamos de clasificar una docena y media de títulos. Por otra parte, aunque ordenar los libros por su tamaño es, desde una perspectiva puramente decorativa, una práctica tan habitual como efectiva, cualquiera que tenga algún respeto por el contenido de las obras la considerará aborrecible. La clasificación alfabética por autor parecía ser la mejor solución, pero, seamos realistas, es adecuada para una biblioteca, no para ordenar una docena y media de volúmenes. En realidad, cuando tienes esa cantidad de libros no los ordenas, sólo los acomodas.

Todos tenemos nuestras preferencias personales. Por mi parte, aunque no acomedé mis libros alfabéticamente, coloqué los de Cristóbal Hara junto a los de Jeff Jacobson.

Ambos fotógrafos nacieron en 1946, ambos han llegado a dominar la fotografía en color, ambos conocen los avatares del fotoperiodismo, ambos han publicado obras de difícil clasificación que versan sobre la cultura, la tradición, la gente de sus respectivos países de origen (Jacobson publicó My Fellow Americans, Hara, An Imaginary Spaniard). Por último, ambos fueron vinculados de una u otra manera a la fotografía de calle, pese a que sus trabajos no son precisamente un ejemplo “ortodoxo” del género.

@ Jeff Jacobson (My Fellow Americans)

© Cristóbal Hara (An Imaginary Spaniard)

Cristóbal Hara es el único español incluido en Street Photography Now, uno de los pocos referentes sobre el estado actual de la fotografía de calle. Michael David Murphy —cuyos “Ways of working” y en general su website 2point8 recomiendo a quien le interese esto de la fotografía de calle— considera a Jeff Jacobson, de manera intecionadamente paradójica, un “not street street photographer”.

El trabajo de Cristóbal Hara es bien conocido aquí en España. Algunos compañeros del colectivo incluso han tenido la oportunidad de escucharlo personalmente hace dos años en Albarracín.

Jeff Jacobson fue miembro de Magnum de 1978 a 1981. Su trabajo fue publicado en diversas revistas, como el New York Times Magazine, Fortune o Time. Sus fotografías se encuentran en las colecciones de varios museos de Estados Unidos y de Europa. Su último proyecto, The Last Roll, aún no publicado, merecería un post aparte. Di con su trabajo hace unos meses, gracias a un comentario de Andrew Kochanowsky (Un-posed, Burn My Eye) en un foro de HCSP. De inmediato quedé prendado de su libro Melting Point (2006), que conseguí a buen precio, casi por casualidad, en una librería británica on-line. Al poco encontré My Fellow Americans (1991) en el saldo de Kowasa.

© Cristóbal Hara (An Imaginary Spaniard)

© Jeff Jacobson (My Fellow Americans)

My Fellow Americans retrata los Estados Unidos de la era Reagan, la paulatina descomposición del mítico sueño americano. La obra está atravesada por una densa atmósfera onírica, a la que sin duda contribuye, en el aspecto formal, la utilización del flash en sincronización lenta. Excepto en el puñado de fotografías familiares que abren y cierran el volumen, esa atmósfera tiende más a la pesadilla que al sueño.

© Jeff Jacobson (My Fellow Americans)

“Mis mejores fotografías —escribe Jacobson en la introducción— se dan cuando encuentro una verdad inconsciente sobre mí mismo que se vincula a la realidad que veo en el mundo. Esas fotografías no resultan de un cálculo cuidadoso; son respuestas inmediatas al mundo. […] Mis fotografías no son la realidad. Son el registro de cómo interpreto la realidad y cómo dispongo formalmente esa interpretación en el encuadre en el momento de la exposición. Mis mejores fotografías resultan de las bodas entre mi inconsciente y mi cámara: están tan cerca de los sueños como lo están de periodismo.”

© Jeff Jacobson (My Fellow Americans)

© Jeff Jacobson (My Fellow Americans)

“El mundo simplemente me parece correcto cuando tengo una cámara en la mano”, dice Jacobson. La frase recuerda a la conocida declaración de Kertész: “La cámara es mi herramienta. A través de ella doy una razón a todo lo que me rodea”. Sin embargo, las visiones del mundo que subyacen a ambas perspectivas no podrían ser más diferentes. La accidentada vida del fotógrafo húngaro explicaría el nihilismo que destila su frase. Kertész parte de una constatación: el mundo no tiene sentido, el mundo no tiene, de por sí, ningún sentido. No obstante, para sobrellevar el drama de la guerra, el exilio a Francia y el posterior exilio a Estados Unidos, así como la incomprensión e indiferencia de sus contemporáneos, Kertész seguramente habrá tenido que contar con una buena dosis de optimismo. El mundo no tiene sentido, dice Kertész, pero yo puedo darle uno a través de mi fotografía.

Aunque parece, en primera instancia, optimista, la frase de Jacobson revela un profundo escepticismo, muy acorde, por otra parte, con nuestra época. Jacobson no dice que el mundo sea correcto, lo que dice es que el mundo parece correcto (al tener una cámara en la mano). Más aún, no dice que el mundo parece correcto gracias a la fotografía o al practicar la fotografía, al encuadrar y disparar el obturador. No, el mundo parece correcto al tener la cámara en la mano (el rectángulo en la mano, diría Larraín), es decir, cuando la fotografía solo existe en potencia. Otra cosa será, posiblemente, cuando la fotografía devenga acto, entonces el mundo tal vez dejará de parecer correcto.

Bajo los efectos de ciertos estados de ánimo (inducidos por la posibilidad de tomar fotografías), el mundo parecería tener sentido (aunque de hecho no lo tenga). Tal podría ser una interpretación de la frase de Jacobson. A diferencia del todopoderoso y ciertamente romántico fotógrafo kertesziano, capaz de dar razón y sentido a lo que le rodea, el fotógrafo concebido por Jacobson reconoce tácitamente que el sentido, si lo hay, ya no depende de él.

 

© Jeff Jacobson (My Fellow Americans)

La fotografía de la cubierta de My Fellow Americans es toda una declaración de intenciones. Se trata de una fotografía familiar, tomada en un balneario de Naples, Florida, en 1981. Es el final del atardecer, el cielo, anaranjado, se refleja en el mar. El padre del fotógrafo, con el agua por la cintura y una camisa verde empapada, lleva en brazos a su nieto, en bañador rojo. El flash los ha congelado justo cuando emergen a la superficie, el agua chorrea por sus cuerpos como una pequeña catarata. Por la profundidad del agua comprendemos que también el fotógrafo debió de estar metido en ella hasta la cintura.

Jacobson explica que al copiar la fotografía lo decepcionó notar que el flash la había quemado un poco. Un amigo señaló que era eso precisamente lo que “hacía” la foto. “Me di cuenta —escribe Jacobson— que ese accidente había elevado a mi padre y a mi hijo más allá de los hechos propios de la situación y les había otorgado una cualidad angelical que los tornaba más profundos y simbólicos.”

Como observó Barthes, una fotografía anodina puede transformarse en algo excepcional a causa de un mero accidente, un pormenor, un detalle circunstancial que sorprende, inquieta o desasosiega y que, en todo caso, establece un vínculo personal con la fotografía en cuestión, un vínculo esencialmente emocional e imposible de verbalizar cabalmente: el punctum. Como el efecto creado por el flash mal calibrado en la foto de Jacobson.

Al analizar una fotografía de Mappelthorpe, Barthes señala que el punctum es “una especie de sutil más allá”, un vector que nos conduce más allá de lo que la fotografía, de hecho, reproduce. Aunque desde sus inicios la fotografía ha sido asociada, naturalmente, con el registro del pasado (Oliver Wendell Holmes, ya en 1853, describió la fotografía diciendo que era un “espejo con memoria”), no han faltado quienes, como si se hubieran tomado demasiado en serio la idea leibniziana del “presente preñado de futuro”, la han vinculado con ese “más allá” representado por el porvenir. En The ongoing moment, Geoff Dyer comenta que, según Bill Brandt, que a su vez se sirve de una idea de André Breton, un buen retrato fotográfico debería decir algo del pasado del sujeto y predecir, de alguna manera, su futuro. En una conversación con Joseph Mitchell, según cuenta Patricia Bosworth en la biografía de Diane Arbus, ésta dijo que hubiese deseado fotografiar el suicidio en el rostro de Marilyn Monroe y en el Hemingway: “Estaba allí, el suicidio estaba allí”. Y así es, siempre es posible hacer predicciones retrospectivamente. Como sugiere Dyer, ¿acaso nosotros no seríamos capaces de entrever ahora, en algunos de los retratos de Arbus, algo así como un preludio, una señal o un indicio de su suicidio?

© Cristóbal Hara (An Imaginary Spaniard)

© Cristóbal Hara (An Imaginary Spaniard)

 

Con las palabras de Brandt en mente, es decir, con la idea de que la fotografía podría ser capaz de presentarnos no sólo vestigios del pasado, sino también indicios del futuro, vuelvo a mi “biblioteca” y llevo a mi mesa An Imaginary SpaniardMy Fellow Americans. Paso las páginas lentamente, deseando que Brandt tuviese razón. Ciertamente, al observar esas fotografías tomadas hace diez, veinte, treinta años, creo entrever algo del presente de los estadounidenses, pero, sobre todo, del presente que conozco, de nuestro presente en España. No es extraño, con semejante horizonte de expectativas, ¿cómo podría haber sido de otra manera?

 

El punctum, señala Barthes, es una adición: “Es lo que yo añado a la fotografía y lo que, sin embargo, ya está en ella“.

 

© Cristóbal Hara (An Imaginary Spaniard)

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Comentarios (5)

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    Marcelo Caballero

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    Gracias Martin por descubrirnos a Jacobson y me ha impactado tu excepcional reflexión fotográfica llena de información, fundamento y coherencia textual. Además, todo lo que comentas nos abre un nuevo camino de exploración visual e informativa. Adelante compañero! Hasta pronto!!

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    Carlos Prieto

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    Hola Martín,
    la entrada del blog es impagable, gracias por tal cantidad de información.
    No conocía al sr.Jacobson ni al paralelismo existente entre él y Hara en sus trabajos. Especialmente llamativa la igualdad en la estructura compositiva en las fotos de los caballos… pero si son prácticamente idénticas… ¡madre mía!
    Interesante también el uso de flash en sincronización lenta. Te puede gustar o no, pero sin duda da a la imagen una estética muy marcada.
    Por otro lado estoy más que seguro que no era la intención de Hara, pero la imagen del señor desnudo con un barril como única vestimenta es impagable. Sin duda un buen paralelismo con la situación actual del país. Podría titularse perfectamente: “España, hoy”
    También interesante la reflexión de Hugo. ¿Se hacen mejores fotos por tener más edad o más experiencia que otros fotógrafos con menor tiempo de manejo con la cámara? depende… creo que depende en gran medida del talento innato del fotógrafo así de como su perseverancia en mejorar o en la búsqueda de un estilo propio o diferenciado. Por tanto, habrá algunos que sí y habrá algunos que no… Como siempre, no hay verdades absolutas.

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    Alfonso

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    Precioso artículo Martín!
    Solo me gustaría recordar aquí la conexión inevitable entre Hara y Koldo, otro de los cinco jinetes del apocalipsis, quien tuvo tan mala muerte, un suicidio lento se podría decir.

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    bhsfyhn

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    Menuda panda de jetas. Las fotos son mediocres, en todos los sentidos, e incluso algunas son directamente mala. Si nos ponemos a filosofar y a hacernos pajas mentales, podemos hacerlo hasta sobre una etiqueta de anís del mono. Dejad de intentar tomarnos el pelo.

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    Daniel Belenguer Perez

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    Esta genial la entrada, estoy con tres libros de Hara que saque de la biblioteca, este que citas no está,.. buscando información sobre el he encontrado tu entrada y sinceramente me ha parecido muy bien hecha y con cantidad de información.
    Enhorabuena y gracias!

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